DISCAPACIDAD AUDITIVA
Desde un punto de vista general, las deficiencias auditivas se
pueden considerar como aquellas alteraciones de carácter cuantitativo con
respeto a una correcta percepción de la audición.
Su conceptualización, conlleva
necesariamente el conocimiento de algunos términos, tales como:
Clasificación
En su clasificación influyen numerosas variables, siendo las más importantes las que se definen a continuación:
Según la parte del oído afectada (oído interno, medio o externo) o la localización de la sordera
En su clasificación influyen numerosas variables, siendo las más importantes las que se definen a continuación:
Según la parte del oído afectada (oído interno, medio o externo) o la localización de la sordera
Según la causa
-Recesivas: los padres son portadores de
la enfermedad pero no son hipoacúsicos.
-Dominantes: constituye el 10% de las hipoacusias; uno de los padres es portador del gen afecto y es hipoacúsico.
-Dominantes: constituye el 10% de las hipoacusias; uno de los padres es portador del gen afecto y es hipoacúsico.
- Prenatales: enfermedades de la madre durante el embarazo
pueden ser causa de Hipoacusia en el niño, sobre todo si se dan entre la 7 y la
10ª semana. Entre las más graves nos encontramos con la rubeola, sarampión,
varicela, alcoholismo, etc.
- Neonatales: Traumatismo durante el parto, anoxia neonatal (falta de oxígeno), prematuridad, ictericia (aumento de a bilirrubina en la sangre por incompatibilidad Rh)
- Postnatales: otitis y sus secuelas, fracturas del oído, afecciones del oído interno y nervio auditivo, intoxicaciones por antibiótico, meningitis y encefalitis, tumores, etc.
- Neonatales: Traumatismo durante el parto, anoxia neonatal (falta de oxígeno), prematuridad, ictericia (aumento de a bilirrubina en la sangre por incompatibilidad Rh)
- Postnatales: otitis y sus secuelas, fracturas del oído, afecciones del oído interno y nervio auditivo, intoxicaciones por antibiótico, meningitis y encefalitis, tumores, etc.
Según el momento de aparición
Según su intensidad
Causas
Algunas causas pueden ser las siguientes:
Algunas causas pueden ser las siguientes:
Adquiridas
Genéticas: constituyen al menos el 50% de los casos:
Malformativas: Microsomía hemifacial, síndrome de Goldenhar, etc.
Presbiacusia: pérdida gradual de la audición a medida que la persona envejece.
Desarrollo evolutivo
La deficiencia auditiva, además de la disminución o incapacidad
de la percepción o conducción del sonido, trae aparejadas otras alteraciones
cuya gravedad vendrá condicionada por factores tan importantes como son la
intensidad de la pérdida auditiva y el momento de aparición de la misma.
Teniendo en cuenta que los órganos sensoriales proporcionan informaciones
importantes que inciden en un desarrollo evolutivo adecuado de la persona, hay
que considerar que el aislamiento y la falta de información a que se ve
sometida ésta por causa del déficit auditivo pueden representar implicaciones
importantes para su desarrollo intelectual, lingüístico, social y emocional.
El aislamiento y falta de información, la concreción de las sensaciones, la incomunicación,... van a tener como consecuencia un retraso madurativo en el niño deficiente auditivo que supondrá una serie de dificultades en el plano del desarrollo cognitivo. Dichas dificultades resultan ser más acuciantes cuanto mayor va siendo el niño, de forma que en las primeras etapas evolutivas su desarrollo es más equiparable al de los niños oyentes, produciéndose un distanciamiento cada vez mayor en las etapas posteriores, el cual se explica por la ausencia de un lenguaje que sea interiorizado por el niño y que funcione como eje vertebrador del pensamiento.
El lenguaje, elemento íntimamente ligado al desarrollo simbólico y cognitivo, es una herramienta clave que nos permite representar mentalmente la información, así como planificar y controlar nuestra conducta. Por tanto, es posible afirmar que este retraso irá superándose paulatinamente a medida que el niño adquiera e interiorice un código lingüístico que le permita además acceder a la comunicación e interacción social. Este punto pone de manifiesto la importancia que tiene el aprendizaje de la Lengua de Signos por parte del niño con deficiencia auditiva desde los primeros años, ya que, además de ser la lengua natural de la comunidad sorda y de ser considerada como un auténtico lenguaje, el acceso al lenguaje oral no es posible hasta aproximadamente los seis ó siete años, e incluso resultará imposible para algunos grados de sordera.
Las personas deficientes auditivas presentan una inteligencia semejante a la de las personas oyentes, puesto que las diferencias encontradas en este aspecto son debidas a deficiencias en el conjunto de las experiencias vividas por las primeras, que normalmente reciben una estimulación menor y poco efectiva. En consecuencia, mientras mayor riqueza de experiencias de enseñanza-aprendizaje podamos ofrecer al alumno sordo y cuanto más normalizado sea su desarrollo, menos limitada se verá su capacidad intelectual.
En definitiva, las dificultades de comunicación e interacción que puede encontrar el niño sordo en su relación con el medio que le rodea determinarán en mayor o menor medida una serie de implicaciones para su desarrollo cognitivo, las cuales tendrán que ser consideradas de cara a su proceso de enseñanza-aprendizaje con objeto de compensar y responder a las necesidades particulares que presenten cada uno de estos niños:
El desarrollo lingüístico y comunicativo
El alumno con deficiencia auditiva va a presentar dificultad, en mayor o menor medida según lo expuesto, tanto en la expresión como en la comprensión de la lengua oral. En consecuencia, habrá que proporcionarle una respuesta educativa que tenga en cuenta la necesidad más importante para el niño sordo: apropiarse tempranamente de un código comunicativo útil, como es el caso de la Lengua de Signos, así como la necesidad de aprender el código comunicativo mayoritario, es decir la lengua oral, tanto en competencias de lectura como de escritura.
Todas estas dificultades del desarrollo lingüístico se proyectan directamente en las posibilidades de comunicación de la persona sorda, pudiendo observarse que las interacciones comunicativas en los niños con pérdida auditiva se desarrollan con más dificultades y menor espontaneidad. Generalmente, los adultos tienen dificultades para establecer la alternancia comunicativa, resolver los problemas de "atención dividida",... Esto provoca frustración y les empuja a ir adquiriendo un estilo comunicativo más controlador, más directo, llevando muchas veces al niño a una actitud más pasiva y menos interesada. Por ello, es importante que padres y educadores vayan adquiriendo un mayor entrenamiento en la forma de dialogar con el niño para permitir una expresión más espontánea e igualitaria y favorecer la utilización de funciones comunicativas más variadas.
El alumno con deficiencia auditiva va a presentar dificultad, en mayor o menor medida según lo expuesto, tanto en la expresión como en la comprensión de la lengua oral. En consecuencia, habrá que proporcionarle una respuesta educativa que tenga en cuenta la necesidad más importante para el niño sordo: apropiarse tempranamente de un código comunicativo útil, como es el caso de la Lengua de Signos, así como la necesidad de aprender el código comunicativo mayoritario, es decir la lengua oral, tanto en competencias de lectura como de escritura.
Todas estas dificultades del desarrollo lingüístico se proyectan directamente en las posibilidades de comunicación de la persona sorda, pudiendo observarse que las interacciones comunicativas en los niños con pérdida auditiva se desarrollan con más dificultades y menor espontaneidad. Generalmente, los adultos tienen dificultades para establecer la alternancia comunicativa, resolver los problemas de "atención dividida",... Esto provoca frustración y les empuja a ir adquiriendo un estilo comunicativo más controlador, más directo, llevando muchas veces al niño a una actitud más pasiva y menos interesada. Por ello, es importante que padres y educadores vayan adquiriendo un mayor entrenamiento en la forma de dialogar con el niño para permitir una expresión más espontánea e igualitaria y favorecer la utilización de funciones comunicativas más variadas.
El desarrollo socio-afectivo
Hay que considerar también las implicaciones sociales y
afectivas producidas por la falta de comunicación que lleva aparejada la
deficiencia, puesto que las situaciones de aislamiento y las dificultades a las
que el sordo se enfrenta en su desarrollo lingüístico y cognitivo repercuten
negativamente en el proceso de integración y relación social y en el desarrollo
afectivo de la persona. De esta forma, la interacción social de la persona
sorda se va a ver afectada, influyendo también esto en el ámbito escolar, en
cuanto que ésta es un elemento constituyente del proceso de enseñanza -
aprendizaje, ya que el mismo se realiza a partir de la acción conjunta de
varias personas.
Habitualmente se afirma que el niño sordo tiene una mayor tendencia a ser socialmente inmaduro, egocéntrico, deficiente en adaptabilidad social, rígido en sus interacciones, impulsivo,... y una serie de características que parecen conformar un tipo de personalidad propia del deficiente auditivo. La idea generalizada es que los niños sordos establecen unas relaciones sociales más difusas, menos estructuradas y flexibles y menos hábilmente orientadas, aunque estos niños tienen un interés social comparable a los oyentes, pero con una falta de habilidades específicas para iniciar y mantener el contacto.
Sin embargo, podemos afirmar que todos estos datos dependen fundamentalmente de la competencia comunicativa en el medio familiar y escolar, así como de los códigos que puedan ser empleados en ambos. Hay que tener en cuenta que los intercambios sociales y la relación de unos con otros se basan en una alta proporción en intercambios lingüísticos, a los que los niños con déficit auditivo difícilmente acceden en sus primeros años de vida. Además, a esto se unen otros factores como son la dinámica de sobreprotección de las familias, la escolarización o no en contextos de integración, la adquisición temprana de un lenguaje para la comunicación, incluyendo la lengua de signos, las experiencias en contextos vertebrados básicamente por el lenguaje oral o las estrategias educativas empleadas por los padres en relación con la impulsividad - autocontrol y la dependencia - independencia.
Todas estas dificultades de interacción comunicativa y de incorporación de normas sociales van a generar una serie de necesidades educativas en el alumno sordo como son la necesidad de una mayor información referida a normas y valores sociales, de asegurar su identidad y autoestima y de adquirir y compartir un código de comunicación como la Lengua de Signos, soporte imprescindible que le permitirá estructurar su pensamiento, regular su comportamiento e interaccionar con su medio.
Habitualmente se afirma que el niño sordo tiene una mayor tendencia a ser socialmente inmaduro, egocéntrico, deficiente en adaptabilidad social, rígido en sus interacciones, impulsivo,... y una serie de características que parecen conformar un tipo de personalidad propia del deficiente auditivo. La idea generalizada es que los niños sordos establecen unas relaciones sociales más difusas, menos estructuradas y flexibles y menos hábilmente orientadas, aunque estos niños tienen un interés social comparable a los oyentes, pero con una falta de habilidades específicas para iniciar y mantener el contacto.
Sin embargo, podemos afirmar que todos estos datos dependen fundamentalmente de la competencia comunicativa en el medio familiar y escolar, así como de los códigos que puedan ser empleados en ambos. Hay que tener en cuenta que los intercambios sociales y la relación de unos con otros se basan en una alta proporción en intercambios lingüísticos, a los que los niños con déficit auditivo difícilmente acceden en sus primeros años de vida. Además, a esto se unen otros factores como son la dinámica de sobreprotección de las familias, la escolarización o no en contextos de integración, la adquisición temprana de un lenguaje para la comunicación, incluyendo la lengua de signos, las experiencias en contextos vertebrados básicamente por el lenguaje oral o las estrategias educativas empleadas por los padres en relación con la impulsividad - autocontrol y la dependencia - independencia.
Todas estas dificultades de interacción comunicativa y de incorporación de normas sociales van a generar una serie de necesidades educativas en el alumno sordo como son la necesidad de una mayor información referida a normas y valores sociales, de asegurar su identidad y autoestima y de adquirir y compartir un código de comunicación como la Lengua de Signos, soporte imprescindible que le permitirá estructurar su pensamiento, regular su comportamiento e interaccionar con su medio.
Sintomatología
Un aspecto importante consiste en la determinación de su
sintomatología como medio para atender a una detección temprana. Para ello
resulta imprescindible realizar exploraciones completas para la detección
temprana de un problema de audición. El desarrollo motor temprano, las primeras
adquisiciones psicosociales e incluso el lenguaje expresivo hasta los 8 meses
pueden ser normales en niños hipoacúsicos, por lo que es muy difícil la
valoración. Pero, nuevas evidencias demuestran que la sordera durante los seis
primeros meses de vida puede interferir en el desarrollo normal del habla y el
lenguaje oral, por lo que lo ideal sería identificar a estos niños antes de los
tres meses de edad y la intervención comenzarla antes de los seis meses, para
prevenir las secuelas del déficit auditivo.
Algunas pautas evolutivas que conviene tener presentes y que pueden incidir en la posibilidad de aparición del déficit son las siguientes:
Algunas pautas evolutivas que conviene tener presentes y que pueden incidir en la posibilidad de aparición del déficit son las siguientes:
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0 a 3
meses
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3 a 6
meses
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6 a 9
meses
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9 a
12 meses
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12 a
18 meses
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18 a
24 meses
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A los
3 años
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A los
4 años
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Diagnóstico
En 1990, la Federación Española de Asociaciones de Padres y
Amigos de los Sordos (FIAPAS) puso en marcha el programa de Detección Precoz de
la Sordera, para informar a la población en general y a los directamente
implicados de la importancia de la detección precoz, que facilita una buena
labor educativa; en muchos casos no se podrá impedir la sordera, pero sí
minimizar la repercusión que tiene sobre el desarrollo del niño.
Para un diagnóstico precoz se requiere de equipo electromédico especializado. Hay dos tipos de exámenes:
Para un diagnóstico precoz se requiere de equipo electromédico especializado. Hay dos tipos de exámenes:
Requieren la respuesta consciente del paciente. Encontramos:
Todas ellas proporcionan una clasificación cuantitativa del problema auditivo e indica el nivel de la pérdida auditiva sobre todo para la comunicación lingüística, estableciendo una serie de umbrales:
Objetivas
No requieren de respuesta el paciente y se obtienen aunque el paciente no colabore. Son pruebas no agresivas e indoloras. Las más utilizadas son:
No requieren de respuesta el paciente y se obtienen aunque el paciente no colabore. Son pruebas no agresivas e indoloras. Las más utilizadas son:
Estos estudios necesitan de una interpretación muy
especializada. Siempre que sea posible, los resultados deben ser cotejados con
las pruebas subjetivas. Estos exámenes pueden aplicarse a niños recién nacidos
y en pacientes en coma.

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