La música y la superación del duelo
SARA LOSANTOS, PSICÓLOGA DE FMLC
En artículos anteriores hemos escrito sobre las distintas formas de arte y su modo de reflejar el duelo. Hemos hablado del cine, de la literatura y, en esta ocasión, abordamos la influencia de la música en el ámbito del duelo, por la capacidad que tiene este arte para conectarnos con el dolor que produce la muerte de un ser querido.
La música como canalizador del dolor
La música es profundamente evocadora y nos produce emociones muy intensas. El amor, la tristeza y la muerte son cuestiones revisitadas de época en época por compositores y cantantes. El tema del duelo también ha sido abordado por la música. A través de las canciones tratamos de drenar el dolor, de conectarnos con ese sentimiento doloroso del que nos alejan los ruidos de la rutina diaria. La música nos conecta de una manera muy profunda con el dolor del duelo y lo hace, además, de una manera espontánea, casi sin proponérselo.
Hay quien busca la música para poder llorar y desahogarse, porque le pone en contacto con el dolor de la pérdida, mientras que otros dolientes la rehuyen por el mismo motivo. Esto no es ni bueno ni malo en sí mismo. Conectarse con el dolor de la pérdida a través de la música puede ser tan beneficioso como hacer un ejercicio de introspección o permanecer junto a la tristeza y la pena sin tratar de evitarla. La razón es que hay personas a quienes le ayuda mucho “sentir” el duelo y usan la música con este fin, para drenar, como quien ve fotografías o películas que le ayudan a estar conectado con sus emociones.
Evitar la música para no sentir el duelo
Huir de los sentimientos de dolor que provoca escuchar música tiene el mismo significado y el mismo valor que intentar no pensar o evitar el dolor, ni más ni menos. Esta conducta de evitación tiene como fin no sentir -o sentir menos-, bloquear el dolor, con la falsa ilusión de que el tiempo lo hará desaparecer mágicamente.
Sin embargo, tal y como hemos explicado en artículos anteriores, bloquear el dolor contribuye a desplazarlo en el tiempo, pero no a eliminarlo. La clave es sencilla y compleja a la vez: a quien retrase su dolor en el tiempo le dolerá menos, pero durante más tiempo; y a quién lo enfrente le dolerá más intensamente, pero durante menos tiempo. La elección, como siempre, es personal: nadie aparte de nosotros mismos puede hacerse responsable de esa parte del proceso.
A veces las canciones nos emocionan por el tema en sí y, otras, porque nos recuerdan a nuestros seres queridos, ya sea porque a ellos les gustaban o porque la canción narra una historia parecida.