El talento de acompañar, es un tiempo para compartir. Toda necesidad se cubre si es de a dos ....Acompañarte puedo en discapacidad en niños:Discapacidad motriz, psiquiátrica,disminución visual, autismo, retrasos madurativos. Adicciones en adolescentes. Acompañamiento gerontologico. Paciente en estadio terminal .
sábado, 31 de enero de 2015
CARTA DE UN AMIGO A OTRO ......
Sergio, escribio :
Ayer me encontré con Iván, un amigo de toda la vida. Estaba acompañado por su hijo Franco que tiene una discapacidad permanente que lo obliga a trasladarse en silla de ruedas.
Y no por sí mismo como lo haría cualquier adolescente de su edad ya que el trastorno que padece conlleva además desórdenes psicomotrices acompañados de problemas cognitivos, de comunicación, percepción y comportamiento.
Franco depende de su familia para movilizarse donde necesiten llevarlo porque él no elige por discernimiento propio.
Es así. No hay nada para hacer al respecto. Punto.
Continúo.
Quedamos con Ivo en encontrarnos en el café de una galería comercial de Av. Corrientes al 2100.
Le pregunté a Iván qué medio de transporte utilizaron para acudir a la cita.
Habían llegado en subte y volverían en tren.
Con mucho esfuerzo. Es que tener una discapacidad física en la ciudad de Buenos Aires es casi una situación de heroísmo.
De heroísmo silencioso. Invisible para el común de la gente.
Rampas obstruidas por automovilistas necios y policías ineficientes o distraídos que no levantan la infracción correspondiente.
Veredas rotas. Deposiciones de mascotas con dueños irresponsables.
Gente que utiliza la vereda como taller mecánico.
Manteros expansivos. Puestos de diarios.
Bares que colocan sus mesas invadiendo el espacio público.
Todo eso que vemos a diario y a lo que nos hemos acostumbrado.
Me molestó. Pensé que alguien debía promover el cambio.
Y pensé que esa tarea también me corresponde.
Así que le pedí a mi amigo que simplemente me describiera por escrito su trajín.
Porque creo que algo podemos hacer por todos los que como ellos se deben adaptar a una discapacidad frente a la insensibilidad a la que son sometidos.
Porque nos acostumbramos a convivir de mala manera corrompiendo las reglas y pervirtiendo el orden necesario.
Enajenados de todo lo que implique progreso, estériles de acción aunque llenos de quejas vacías donde finalmente no se promueven los cambios.
No busco tratar el tema con tono dramático. Entiendo que mejor que conmover es convencer y que antes de movilizarnos por la pena debemos reclamar debidamente por la razón y exponiendo las razones de los cambios necesarios.
Es así. Hay mucho por hacer al respecto. Punto y seguido.
A partir de aquí, transcribo su relato descriptivo tal como lo solicité.
"Sergio, te cuento como hice para llegar a ese bar donde nos encontramos ayer.
El trayecto debió ser de la estación Primera Junta a la estación Pasco del Subte de la Línea A.
¿Simple verdad?
Claro que el único ascensor en Primera Junta te baja solo para la mano que va a San Pedrito.
Esto significa que tuve que ir desde Primera Junta hasta Carabobo (dos estaciones más lejos de donde está y en la dirección contraria) ahí volví a tomar el subte rumbo a Pasco, pero ahí no pudimos bajar porque no tiene ascensor, es decir que tuvimos que ir hasta Congreso, una estación más.
Una más de donde nos dirigíamos.
Llegamos a Congreso, subimos por ascensor y obvio, caminamos las cuadras correspondientes para llegar a destino sorteando veredas rotas y todo lo que puedas imaginarte.
Esquivando obstáculos y sin prioridad de paso frente a tanta gente apurada y hostil.
Al regreso volvimos en tren pero hubiéramos caminado nuevamente las cuadras hasta Congreso y retornado a Primera Junta donde -ahí si- hubiéramos podido utilizar el ascensor.
¿Qué tal? Una peripecia que hacemos seguido.
Ni hablar del tiempo que se pierde, el esfuerzo físico que implica. Etcétera, etcétera.
Por supuesto, es más fácil si alguien empuja tu silla.
Pero ¿Y si tenés que movilizarte SOLO? ¿Cómo hacés?
No está bien. No es justo ni correcto. No incluye ni permite que la integración sea posible para quienes deben movilizarse en sillas de ruedas.
O ancianos. O enfermos. O quienes tienen movilidad reducida.
Este es un año de elecciones. Hablan y hablarán de temas que a los políticos les parecen importantes.
Mientras empujo la silla de mi hijo, esas discusiones ya no me interesan. No las escucho.
Pero sí estaré atento a quienes hablen de problemas reales de personas comunes como nosotros.
Y que propongan una plataforma realizable a cumplir sin excusas luego si son elegidos por el voto popular.
Cuando hablen de estos temas y otros que es necesario que atiendan, los escucharé.
¡Abrazo!
Ivan
Sergio, escribio :
Ayer me encontré con Iván, un amigo de toda la vida. Estaba acompañado por su hijo Franco que tiene una discapacidad permanente que lo obliga a trasladarse en silla de ruedas.
Y no por sí mismo como lo haría cualquier adolescente de su edad ya que el trastorno que padece conlleva además desórdenes psicomotrices acompañados de problemas cognitivos, de comunicación, percepción y comportamiento.
Franco depende de su familia para movilizarse donde necesiten llevarlo porque él no elige por discernimiento propio.
Es así. No hay nada para hacer al respecto. Punto.
Continúo.
Quedamos con Ivo en encontrarnos en el café de una galería comercial de Av. Corrientes al 2100.
Le pregunté a Iván qué medio de transporte utilizaron para acudir a la cita.
Habían llegado en subte y volverían en tren.
Con mucho esfuerzo. Es que tener una discapacidad física en la ciudad de Buenos Aires es casi una situación de heroísmo.
De heroísmo silencioso. Invisible para el común de la gente.
Rampas obstruidas por automovilistas necios y policías ineficientes o distraídos que no levantan la infracción correspondiente.
Veredas rotas. Deposiciones de mascotas con dueños irresponsables.
Gente que utiliza la vereda como taller mecánico.
Manteros expansivos. Puestos de diarios.
Bares que colocan sus mesas invadiendo el espacio público.
Todo eso que vemos a diario y a lo que nos hemos acostumbrado.
Me molestó. Pensé que alguien debía promover el cambio.
Y pensé que esa tarea también me corresponde.
Así que le pedí a mi amigo que simplemente me describiera por escrito su trajín.
Porque creo que algo podemos hacer por todos los que como ellos se deben adaptar a una discapacidad frente a la insensibilidad a la que son sometidos.
Porque nos acostumbramos a convivir de mala manera corrompiendo las reglas y pervirtiendo el orden necesario.
Enajenados de todo lo que implique progreso, estériles de acción aunque llenos de quejas vacías donde finalmente no se promueven los cambios.
No busco tratar el tema con tono dramático. Entiendo que mejor que conmover es convencer y que antes de movilizarnos por la pena debemos reclamar debidamente por la razón y exponiendo las razones de los cambios necesarios.
Es así. Hay mucho por hacer al respecto. Punto y seguido.
A partir de aquí, transcribo su relato descriptivo tal como lo solicité.
"Sergio, te cuento como hice para llegar a ese bar donde nos encontramos ayer.
El trayecto debió ser de la estación Primera Junta a la estación Pasco del Subte de la Línea A.
¿Simple verdad?
Claro que el único ascensor en Primera Junta te baja solo para la mano que va a San Pedrito.
Esto significa que tuve que ir desde Primera Junta hasta Carabobo (dos estaciones más lejos de donde está y en la dirección contraria) ahí volví a tomar el subte rumbo a Pasco, pero ahí no pudimos bajar porque no tiene ascensor, es decir que tuvimos que ir hasta Congreso, una estación más.
Una más de donde nos dirigíamos.
Llegamos a Congreso, subimos por ascensor y obvio, caminamos las cuadras correspondientes para llegar a destino sorteando veredas rotas y todo lo que puedas imaginarte.
Esquivando obstáculos y sin prioridad de paso frente a tanta gente apurada y hostil.
Al regreso volvimos en tren pero hubiéramos caminado nuevamente las cuadras hasta Congreso y retornado a Primera Junta donde -ahí si- hubiéramos podido utilizar el ascensor.
¿Qué tal? Una peripecia que hacemos seguido.
Ni hablar del tiempo que se pierde, el esfuerzo físico que implica. Etcétera, etcétera.
Por supuesto, es más fácil si alguien empuja tu silla.
Pero ¿Y si tenés que movilizarte SOLO? ¿Cómo hacés?
No está bien. No es justo ni correcto. No incluye ni permite que la integración sea posible para quienes deben movilizarse en sillas de ruedas.
O ancianos. O enfermos. O quienes tienen movilidad reducida.
Este es un año de elecciones. Hablan y hablarán de temas que a los políticos les parecen importantes.
Mientras empujo la silla de mi hijo, esas discusiones ya no me interesan. No las escucho.
Pero sí estaré atento a quienes hablen de problemas reales de personas comunes como nosotros.
Y que propongan una plataforma realizable a cumplir sin excusas luego si son elegidos por el voto popular.
Cuando hablen de estos temas y otros que es necesario que atiendan, los escucharé.
¡Abrazo!
Ivan
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