martes, 19 de mayo de 2015

Discapacidad y salud: Mas información sobre equinoterapia

Discapacidad y salud: Mas información sobre equinoterapia: La equitación produce excelentes resultados en la rehabilitación de músculos, recuperación o mejoramiento del equilibrio y desarrollo ...

Acompañar T: Música y discapacidad

Acompañar T: Música y discapacidad: Discapacidad y salud: Música y discapacidad : En este artículo realizaremos un breve recorrido sobre los fundamentos y formas de trabajo de ...

viernes, 15 de mayo de 2015

jueves, 14 de mayo de 2015

https://www.facebook.com/LaCasitaDeEmmaTerapiaConPerros
“Ver es tener a distancia
–dice Merleau-Ponty–, mirar es deshacerse del
espacio que nos separa, anular las distancias
”En este sentido es que estamos jugando a poder mirarnos, mirarla, mirar.
Gracias Estefy, Elisa Aimone y como siempre a pesar de... Pampa!!!!!!!!

LOS COLORES VERDADEROS

https://www.youtube.com/watch?v=dXmaE0041Y0

Discapacidad y salud: RECOMENDACIONES PARA PADRE DE NIÑOS CON AUTISMO RE...

Discapacidad y salud: RECOMENDACIONES PARA PADRE DE NIÑOS CON AUTISMO RE...:   RECOMENDACIONES PARA PADRE DE NIÑOS CON AUTISMO RECIÉN DIAGNOSTICADOS. 1. Tener esperanza. Cada día aprendemos más sobre cómo ayudar...

Discapacidad y salud: Las obras sociales no prescriben tratamientos

Discapacidad y salud: Las obras sociales no prescriben tratamientos:   La Justicia ordenó a ObSBA cubrir un tratamiento médico oncológico, ante la negativa y  ofrecimiento de un tratamiento alternativo....

Autismo, señales de alerta



 ACERCA DEL ESPECTRO AUTISTA
El Espectro Autista (EA) es una condición que afecta a 1 cada 68 niños según la estadística de Estados Unidos (CDC 2014). En los TEA (Trastorno del Espectro Autista) se encuentra alterado, en distintos niveles, el desarrollo de la comunicación y el lenguaje, la interacción social, y la flexibilidad de la conducta
La intervención temprana en la condiciones del espectro autista puede mejorar el pronóstico
Quienes  tenemos contacto con niños que se encuentran en la primera infancia debemos mirar aspectos del desarrollo que son cruciales como la mirada, su interacción social, su juego, la forma en que se comunica más allá del lenguaje, y su conducta. Los niños pueden alcanzar metas de desarrollo durante distintas etapas de su vida. Sin embargo, la ausencia de una de estas metas, o la pérdida de estas habilidades requieren de una consulta inmediata con un pediatra del desarrollo, neurólogo o psiquiatra especializado. Detectar estos alertas no significa un diagnóstico, pero sí podría implicar la necesidad de que el niño reciba una intervención temprana.
Si después de leer la información de esta página tenés dudas, consultá con un especialista.
También podes encontrar más información en redea: http://www.mirame.org.ar/

Cómo atender el duelo de las personas con discapacidad (II)

PATRICIA DÍAZ, PSICÓLOGA INFANTO-JUVENIL DE FMLC

© MalagónAbordamos de nuevo este tema, del que ya hemos hablado en artículos anteriores ya que, a pesar de su importancia, no siempre se le dedica la atención que se merece.
Hoy nos centraremos en aquellos factores que pueden ser determinantes a la hora de desarrollar un duelo complicado en las personas con discapacidad intelectual, es decir: los factores considerados de riesgo para este colectivo que deben ser tenidos en cuenta por los profesionales que les rodean y sus familiares:

Pérdidas bruscas e inesperadas

Cuanto más brusca sea la pérdida de un ser querido, peores van a ser las consecuencias sobre esta población, pero no hay que olvidar que, dada su baja comprensión, a menudo las personas con discapacidad no pueden prever una muerte, aunque ésta corresponda a una situación natural por edad avanzada.
Por esta razón, deberemos tomar como inesperadas todas las pérdidas no predecibles y temer una reacción complicada.

Falta de apoyo percibido o traumas acumulativos

Esto hace referencia a la pérdida de apoyos durante el duelo. Esta situación se dacuando el entorno no es capaz de dar apoyo suficiente al doliente discapacitado, bien porque lo consideran incapaz de expresar y compartir el dolor, porque no hay empatía con él o por el papel que ocupa el doliente en la relación familiar.
Otras pérdidas asociadas pueden ser la de la vivienda donde desarrollaba su vida habitualmente por la muerte del cuidador principal, la pérdida del estatus, de las actividades habituales…

La dependencia y la sobreprotección en relación con las pérdidas

Como la esperanza de vida ha aumentado bastante, hay mayor probabilidad de que la persona con discapacidad tenga que afrontar un mayor número de pérdidas a lo largo de su vida. Si a esto unimos una cierta dependencia de los padres cuidadores, cuya mentalidad a menudo tiende a evitarle el sufrimiento a sus hijos discapacitados, esto hará que la pérdida de esos apoyos básicos dejen desprotegido al adulto discapacitado ante el duelo, aunque a menudo dichas pérdidas sea lógicas por temas de edad.
Esos cambios a nivel familiar inciden directamente en el contexto del adulto con discapacidad, que se verá obligado a hacer modificaciones en su dependencia y en su vida, con los consiguientes problemas que puedan derivarse de estos ajustes no planificados.

Limitación cognitiva con respecto al significado de la pérdida

Cuanto más grave es la discapacidad intelectual, mayores son las dificultades de introspección que son necesarias para elaborar duelo. Además, hay que tener en cuenta que, en estos casos, nos solemos guiar por las distintas etapas del desarrollopara poder adecuar las explicaciones o la atención.
Si tenemos en cuenta que una parte de la resolución del duelo pasa por redefinirse como persona, hay que ser conscientes de que las personas con discapacidad intelectual tendrán muchas limitaciones en las distintas etapas del duelo y en el procesamiento cognitivo del mismo.

Incapacidad para comunicar la experiencia de dolor

Ante las experiencias dolorosas, muchos adultos sufren un bloqueo que les genera problemas para comunicar el dolor. En los menores y adultos con discapacidad intelectual, que a menudo son dependientes, además de estos problemas en algunos casos encontramos la incapacidad para dar explicaciones reales sobre lo que está pasando y hacer partícipe al otro de esa experiencia.
Con frecuencia esto genera una comunicación irreal sobre la experiencia que dificulta el proceso, mientras que en otros, el cambio en el contexto causado por la muerte de los cuidadores hace que no puedan darse las circunstancias idóneas para compartir la experiencia de dolor.

Aislamiento social y soledad

Esta variable es común a casi todas las personas afectadas por una discapacidad intelectualA medida que crecen y sus padres se van haciendo mayores, el aislamiento es mayor, ya no llevan a cabo las mismas actividades ni su autonomía es la misma.
De ahí que, cuando tiene lugar el duelo, es probable que se añada también una situación de aislamiento que puede ser previa, o sobrevenir durante el duelo por los reajustes familiares que implica.

Diagnóstico Dual

El diagnóstico dual hace que las personas muestren diferentes síntomas asociados de diversas formas y mediados por determinados trastornos duales que se dan a la vez.
Además de facilitar una mejor comprensión del duelo, con este artículo y el post previobuscamos ayudar a prever estas situaciones y ser más conscientes de las dificultades asociadas o de aquellos elementos que van a complicar el duelo, sin perder de vista cualquier modificación, explicación o adaptación que se puedan ir haciendo en el futuro, con el fin de dar una mejor respuesta en estas situaciones.
Todas estas claves pretenden servir de orientación a las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido o intentan ayudar a una persona doliente de su entorno. Para saber más o para solicitar ayuda psicológica gratuita, no dude en consultar nuestra página web:

lunes, 2 de marzo de 2015

ESTIMULAR UN NIÑO/A CON DISCAPACIDAD

http://www.ciapat.org/biblioteca/pdf/664-Manual_de_Fisioterapia_como_acompanar_y_estimular_un_nino_nina_con_discapacidad.pdf

martes, 24 de febrero de 2015

La música y la superación del duelo

La música y la superación del duelo

SARA LOSANTOS, PSICÓLOGA DE FMLC

© MalagónAl igual que sucede con las historias de los demás, que conectan con las nuestras por asociación de ideas, lo mismo ocurre con la música y las historias que nos cuentan sus canciones.
En artículos anteriores hemos escrito sobre las distintas formas de arte y su modo de reflejar el duelo. Hemos hablado del cine, de la literatura y, en esta ocasión, abordamos la influencia de la música en el ámbito del duelo, por la capacidad que tiene este arte para conectarnos con el dolor que produce la muerte de un ser querido.

La música como canalizador del dolor

La música es profundamente evocadora y nos produce emociones muy intensas.  El amor, la tristeza y la muerte son cuestiones revisitadas de época en época por compositores y cantantes. El tema del duelo también ha sido abordado por la música. A través de las canciones tratamos de drenar el dolor, de conectarnos con ese sentimiento doloroso del que nos alejan los ruidos de la rutina diaria. La música nos conecta de una manera muy profunda con el dolor del duelo y lo hace, además, de una manera espontánea, casi sin proponérselo.
Hay quien busca la música para poder llorar y desahogarse, porque le pone en contacto con el dolor de la pérdida, mientras que otros dolientes la rehuyen por el mismo motivo. Esto no es ni bueno ni malo en sí mismo. Conectarse con el dolor de la pérdida a través de la música puede ser tan beneficioso como hacer un ejercicio de introspección o permanecer junto a la tristeza y la pena sin tratar de evitarla. La razón es que hay personas a quienes le ayuda mucho “sentir” el duelo y usan la música con este fin, para drenar, como quien ve fotografías o películas que le ayudan a estar conectado con sus emociones.

Evitar la música para no sentir el duelo

Huir de los sentimientos de dolor que provoca escuchar música tiene el mismo significado y el mismo valor que intentar no pensar o evitar el dolor, ni más ni menos. Esta conducta de evitación tiene como fin no sentir -o sentir menos-, bloquear el dolor, con la falsa ilusión de que el tiempo lo hará desaparecer mágicamente.
Sin embargo, tal y como hemos explicado en artículos anterioresbloquear el dolor contribuye a desplazarlo en el tiempo, pero no a eliminarlo. La clave es sencilla y compleja a la vez: a quien retrase su dolor en el tiempo le dolerá menos, pero durante más tiempo; y a quién lo enfrente le dolerá más intensamente, pero durante menos tiempo. La elección, como siempre, es personal: nadie aparte de nosotros mismos puede hacerse responsable de esa parte del proceso.
A veces las canciones nos emocionan por el tema en sí y, otras, porque nos recuerdan a nuestros seres queridos, ya sea porque a ellos les gustaban o porque la canción narra una historia parecida. 

Discapacidad y salud: Premiaron al Garrahan por una investigación sobre ...

Discapacidad y salud: Premiaron al Garrahan por una investigación sobre ...:  E l equipo médico de Cardiología del Garrahan fue distinguido por la Sociedad Argentina de Cardiología por su trabajo sobre las secuela...

Discapacidad y salud: Exención de peaje para personas con discapacidad

Discapacidad y salud: Exención de peaje para personas con discapacidad:   A partir del 20 de febrero del 2015  entra en vigencia la exención del cobro de peaje en la red vial nacional concesionada para perso...

sábado, 14 de febrero de 2015

SINDROME DE WEST

César y Marisa relatan el día a día de Hugo, su hijo de seis años, que a los cuatro meses le diagnosticaron esta enfermedad que afecta a 1 de cada 4.000-6.000 nacidos

César y Marisa observaban el despertar de Hugo en la cuna, su hijo recién nacido de tres meses. Un día, a los dos minutos de abrir sus ojos, el pequeño hizo un movimiento con los brazos. Los extendía y los llevaba hacia delante. No le dieron importancia. Incluso pensaron que, con lo pequeño que era, ya quería que le cogieran y le abrazaran. Al día siguiente, mientras que Marisa le daba el pecho, esos aspavientos volvieron a aparecer, pero esta vez, de manera intensa y repetida. Su madre, asustada, se preguntó por qué su hijo había empezado a hacer ese extraño movimiento. En ese mismo momento, vistió a su bebé y se lo llevó al Hospital Universitario Madrid-Torrelodones, donde toda la familia estaba asegurada.
Hugo estuvo ingresado durante una semana en esta clínica privada de Madrid en la que le diagnosticaron «epilepsia benigna del lactante». Es decir, existía un buen pronóstico; no le quedarían secuelas por esos ataques. Sin embargo, César y Marisa creen que los médicos no quisieron decirles la verdad sobre lo que le ocurría a su hijo porque, cuando le dieron el alta, les advirtieron de que algo largo y serio se les iba a avecinar. El pequeño salió del centro hospitalario con medicación, pero esta no resultó totalmente eficaz; aunque esos movimientos habían disminuido, no desaparecieron. Transcurrió un mes hasta que volvieron al médico, esta vez a la seguridad social en elHospital La Paz, donde estuvieron haciéndole pruebas. El Dr. Arcas, jefe de neurología y médico que en la actualidad lleva a Hugo, le realizó un encefalograma; con él le determinarían el diagnóstico. Al día siguiente salieron del hospital, esta vez, sabiendo lo que le pasaba. Hugo con cuatro meses de edad tenía Síndrome de West.
La incidencia de este síndrome es pequeña, afecta a 1 de 4.000-6.000 nacidos vivos; es una enfermedad neurológica rara y pertenece al grupo de las llamadas «encefalopatías epilépticas catastróficas». Recibe su nombre por William James West, médico inglés que la descubrió en su propio hijo en 1841. Tras varios meses de observación y tratamiento, se dio cuenta que era incapaz de frenar esas peculiares convulsiones que tenía; en su caso, la cabeza se dirigía hacia delante, hacia las rodillas. Desesperado, al ver que no podía mediarlo, decidió enviar una carta de auxilio a «The Lancet», revista británica líder mundial de publicaciones de medicina general y especializada en Oncología y Neurología y Enfermedades Infecciosas. En ella describió los síntomas clínicos característicos de este síndrome. Un siglo más tarde de la publicación, esta enfermedad se conocería como Síndrome de West. Se caracteriza por la triada electroclínica: espasmos epilépticos, retraso del desarrollo psicomotor e hipsarritmias en el electroencefalograma, descubiertas, por primera vez, por Gibbs en 1952, donde la actividad eléctrica cerebral aparece en forma de trazado caótico con mezcla de puntas y ondas lentas, desorganizadas e independientes.
Para esta familia, a partir del diagnóstico empezó una batalla tanto farmacológica, dar con el medicamento adecuado para cortar las crisis, como de psicomotricidad. El pequeño nació el 28 de abril de 2006, y desde el primer año empezó con fisioterapeutas y con estimuladores en piscina para ayudarle a coordinar brazos y piernas, y mantener el equilibrio. Con 12 meses todavía no era capaz de mantenerse sentado, y tampoco de levantarse. Su evolución fue rápida y buena; logró andar con 18 meses. Pero ahora su progreso no es tan ágil. En la actualidad, Hugo, con seis años, sabe subir escaleras con la ayuda de sus padres, corre a su manera (anda deprisa), y está aprendiendo a saltar.
Hace un año dejó de tener salvas (crisis encadenadas), pero esta familia ha sufrido sus ataques, incontrolables, incluso cuando le daban de comer. Sólo sabe decir una palabra, «mamá» y la usa indistintamente para llamar a su padre. Ese es uno de los problemas de comunicación de esta enfermedad. Sus padres no saben qué necesita, lo intuyen porque si quiere agua se pone al lado del fregadero, o qué siente cuando le aparece una crisis. Sólo saben que, tras ella, presencian su desorientación por unos segundos y su llanto.
Hugo ha pasado un largo proceso con la alimentación. Como sólo quería comer tortilla de patatas y croquetas con la carne muy picada tuvieron que ir a un nutricionista; su curva de crecimiento era negativa. El año pasado, 2011, cuando tenía cinco años, llegó a pesar 15 kilos con su gran altura, 100 centímetros. Ahora, aunque sigue siendo muy sibarita, come de todo. Le gustan los sabores fuertes, preferiblemente los salados a los dulces. Una tarde Marisa y César estaban tomando café y Hugo se acercó. Sus padres creyeron que lo hizo por el olor que desprendía. Le dieron a probar pensando que no le gustaría, y descubrieron que no era así. Ahora para desayunar toma café descafeinado muy rebajado, con tostadas y mantequilla. La mejora en la alimentación le ha servido para coger peso y seguir ganando altura. En la actualidad, Hugo pesa 21 kilos y mide 112 centímetros.
Dentro de la Clasificación Internacional de Epilepsias, el síndrome de West se divide, según su origen y crisis, en tres tipos: sintomático, idiopático o criptogénico. Este último, como está considerado Hugo, se caracteriza porque el origen de la enfermedad es desconocido, está oculto, a pesar de los múltiples estudios morfológicos en resonancias electromagnéticas; metabólicos en análisis de sangre y orina; o genéticos, en estudios moleculares y de cromosomas que se han realizado. Frente a ellos también están los sintomáticos –la mayoría de los casos– que se conoce su causa y el foco afectado está localizado; o los idiopáticos –la minoría– que son afectados por origen genético.

Epilepsia de difícil control

El peor susto que se llevaron Marisa y César con Hugo fue en verano de 2010 en la parcela de sus abuelos paternos en Villanueva del Pardillo, donde pasan muchos fines de semana en la piscina. Cuando el pequeño se despertó de la siesta, intentó levantarse y cayó redondo al suelo. Su madre estaba convencida de que lo ocurrido fue a raíz de los efectos del nuevo fármaco que había empezado a tomar recientemente, y no por la evolución de la enfermedad como le había dicho el neurólogo, el Dr. Arcas, en una de sus consultas cuando empezó a notar el flaqueo de las piernas de su hijo. Hugo era incapaz de dar cuatro pasos seguidos. Se enfadaba, gritaba y lloraba porque sabía que podía hacerlo, pero sus extremidades inferiores no le respondían.
Tras el incidente se fueron corriendo a urgencias a la Paz y le hicieron pruebas, la definitiva fue un electromiograma. Ésta determinó si el problema era del fármaco o del cerebro que no mandaba órdenes para mover las piernas. Aunque fue muy duro porque Hugo chillaba y lloraba muchísimo mientras las agujas le punzaban y soltaban descargas en las articulaciones, el resultado fue mejor de lo temido. El síndrome de West de Hugo había derivado en una epilepsia refractaria farmacoresistente. Es decir que, cada mes o dos meses tiene que cambiar de medicamento o aumentar su dosis porque su cuerpo se habitúa a ellos y no reacciona.
Desde las cuatro semanas de vida hasta los treinta meses ocurren procesos de maduración del cerebro que se producen a ritmos muy acelerados. A medida que va evolucionando, aparecen un tipo de crisis específicas que antes no aparecían por la inmadurez de la corteza cerebral. El 60% de los niños con síndrome de West desarrolla otros tipos de epilepsia más agresivas como el síndrome de Lennox-Gastaut, que puede darse desde el primer año hasta los seis, u otras crisis parciales complejas. En el caso de Hugo es la epilepsia refractaria farmacoresistente, o como prefiere llamarla la Liga Internacional contra la Epilepsia«epilepsia de difícil control», porque consideran que es más propio, ya que el término es bastante desolador y cierra la posibilidad de un control. Además van apareciendo fármacos nuevos –hasta el año 70 había sólo seis antiepilépticos, ahora hay 22– e incluso con posibilidades de ejercerse la cirugía en algunos casos.
Convivir con Síndrome de West
ABC
Hugo ayuda a una de las terapeutas a plantar en un huerto en la Fundación
En el caso de Hugo, la cirugía no se contempla porque es imposible efectuarla ya que no tiene un foco fijo operable, sino varios que se mueven continuamente. La intervención quirúrgica, según el Dr. Herranz, veterano neurólogo de Santander que trata a Hugo cuando suben a su consulta cada seis meses, debe valorarse desde el primer momento, según la causa que se descubra, y no esperar al fallo de los fármacos. En el 5% de los casos puede darse la operación porque son focos delimitados. En el 90%, tras la intervención quirúrgica, la epilepsia desaparece sin secuelas; es una forma de mejorar su capacidad comunicativa y su forma de vida. Por el contrario, hay otras ubicaciones que no tienen tan buenos pronósticos.
Es frecuente que los niños con síndrome de West desarrollen deficiencias auditivas y visuales, pero, Hugo, con seis años, no tiene ninguna. A nivel motriz no está mal, anda y corre a su manera. El gran déficit que tiene es a nivel cognitivo. Su grado de autonomía es muy bajo. No puede comer sólo. Si le pinchas con el tenedor, él se lo lleva a la boca; o coge el vaso de agua, pero hay que estar a su lado, pendiente, de que no se le caiga.
Cuando nació su hermano Alejandro, ahora de tres años de edad, Marisa y César pensaban que Hugo no se iba a dar cuenta. Sin embargo, todos los días iba a verle a la cuna. Ahora, aunque a veces se pelean, sabe que es su hermano, y le defiende cuando algunos niños le quitan su juguete.
Cada vez que suena el vídeo de los Cantajuegos o Baby Einstein –este último es su preferido ya que lo lleva escuchando desde pequeño– se queda tranquilo, embelesado por las notas musicales. Hugo sabe a qué botón del mando a distancia del DVD tiene que darle para ponerlo o pasar de canción.
Desde el primer año, César y Marisa han dado a Hugo una«estimulación temprana» llevándole a todo tipo de terapias. Desde fisioterapia, logopedia, juego, hasta equinoterapia. Pero desde siempre,sus dos preferidas han sido la piscina y la música. Tanto le gusta el agua que las puertas del baño y de la cocina de su casa tienen pestillo por fuera, para que no pueda acceder porque abre el grifo y lo encharca todo.
Para los padres de Hugo una de las grandes barreras que tienen con su hijo es la comunicación. Ambos se enfadan porque no se entienden. Para remediarlo, César y Marisa, que siempre buscan cosas nuevas para mejorar la relación y el bienestar de su hijo, han empezado el «método Hanen», un curso para la vida diaria, para ver los fallos que cometen, como anticiparse a las cosas y no dejarle que se esfuerce.
Hugo va al colegio público de educación especial Monte Abantos en Las Rozas. Está en el curso de Educación Infantil (0-3 años) en el que ha aprendido a pintar trazos, hacer churros con plastilina, tocar el piano o el tambor y, sobre todo, a clasificar por colores, que es en lo que está trabajando mucho. En el cole es el único West. Hugo al principio se ponía irascible con los demás niños porque le molestaba tenerles a su alrededor, pero cada vez se relaciona más con ellos. Incluso, su madre Marisa bromea sobre la novia que tiene Hugo, Carlota; una niña que conoció cuando ambos tenían dos años. Ella no es West pero también tiene epilepsia sin un diagnóstico claro. Ambos han coincidido en el colegio, la guardería, en la terapia de logopedia, y además van juntos los sábados a la piscina. Marisa le dice que es un seductor; Hugo mira a su madre con sus grandes ojos marrones mientras se ríe con cara pícara.
Hugo está avanzando mucho en los periodos de atención. Antes cuando le decías «nos vamos a ir a la calle», se colocaba en la puerta, y se enfadaba porque no se cumplía lo que le habían dicho en ese momento, pero ahora ha progresado en los tiempos de espera; éstos son más duraderos, explica Marisa. Lo han logrado gracias a la terapia musical porque ha aprendido los intervalos; sabe cuando tiene que intervenir en la canción; y en el colegio donde trabajan con pictogramas. En ellos se le anticipa lo que va a hacer. De esta manera, le ayuda a centrarse y a tener un orden en su vida. Por ejemplo, por la mañana le ponen la foto de Hugo y la del autobús; así sabe que le toca irse al colegio en ruta. Hugo mordisquea los pictogramas, algunos más que otros, pero, la fotografía que más lo está es la de su madre.
Marisa no tuvo ninguna complicación ni durante la gestación ni en el parto. Hugo nació perfecto. En el test de Apgar, examen de medición que realizan los médicos minutos después del nacimiento desde hace más de medio siglo, tuvo una nota de nueve, es decir, estaba en buenas condiciones. No notaron nada raro en la prueba en la que el bebé «anda», en la que se mide el tono muscular, la fuerza de los movimientos y la flexión de las extremidades. Esa perfección duraría hasta los tres meses.

El juego terapéutico de Hugo

ABC
A Hugo le encanta la piscina
Las terapias son un juego para Hugo, pero en realidad son de gran ayuda para su desarrollo. Todos los sábados va a la Fundación Síndrome de West en Villanueva del Pardillo, a cinco minutos de su casa en coche, para asistir a las tres terapias de ese día.
Las 09:30, Rosa, una de las dos terapeutas de música, le recibe; es el primero de los siete niños que atenderá esa mañana. Nada más entrar en la habitación, Hugo va directo hacia un instrumento: el piano. Pulsa sus teclas, pero no recibe respuesta; aún está apagado. Durante cuarenta minutos disfrutará de una de las cosas que más feliz le hace, la reunión con las nueve notas que componen la escala musical.
Todas las terapias tienen una estructura, en ésta, primero se dan la bienvenida diciendo «estoy aquí, estoy aquí»; después practican varias canciones y tocan instrumentos, y por último se despiden. De esta manera, Hugo asimila los tiempos y sabe dónde se encuentra.
La música es un canal de acceso directo; no necesita ser decodificada porque entra como una flecha al cerebro límbico, sistema formado por varias estructuras cerebrales que gestionan respuestas ante estímulos emocionales. La conexión de Hugo es plena. Su dinamismo se plasma en las ganas de seguir el ritmo tocando instrumentos –sus preferidos son la caja china, la cabasa y el octoblok– o con la percusión corporal.
La música es sinónimo de orden. Eso es precisamente lo que las terapeutas trabajan con él, la anticipación de los pulsos en las canciones. Hugo sabe perfectamente cuándo tiene que chocar su mano o hacer un sonido con uno de los instrumentos. Es un ejercicio que le sirve para desarrollar y organizar su memoria; y para mejorar su comunicación; le ayuda a expresar cómo se siente, ya sea con una mueca, una sonrisa o un llanto.
Uno de los factores importantes que no falta en musicoterapia es la improvisación, ya que «no estamos en una clase de música», recalcó Rosa. El niño puede tocar lo que le interese en ese momento porque es el sustento de la base armónica. La musicoterapia es muy utilizada con niños síndrome de West y con niños autistas.
Suena música de relajación. Son las 10.15. Hugo se despide de Rosa, y saluda a Víctor, el terapeuta de juego que le espera con una gran sonrisa, y con el que estará una hora. El pequeño ya ha elegido su juguete favorito: el caballo, una gran pelota blanca y de plástico donde trotará. Hugo responde a las indicaciones de la canción que transmite Víctor, «da al caballo», y la mano derecha del pequeño azota «el lomo del animal». El terapeuta canta y le sujeta en todo momento e intercala el paso a caballo con un movimiento circular que le desequilibra hasta volver a la posición inicial, sentado recto. Estos ejercicios le ayudan a controlar el tono muscular y coordinar su propio cuerpo.
Hugo ha elegido el segundo juego del día, el lanzamiento de pelotas a un gran cesto. A la de tres: 1, 2 y 3, y el pequeño deja caer la pelota de su mano. Tras la ovación recibida, esboza una sonrisa, que contagia a los que estaban a su lado.
Convivir con Síndrome de West
ABC
Hugo aleteando en el agua de la piscina de la Fundación
Desde el minuto uno que se detecte la enfermedad, según los terapeutas y los neurólogos, debe darse una estimulación temprana porque con ella se trabaja el lenguaje, a pesar de que no puedan hablar, y el aparato psicomotor, condicionante de su desarrollo que le ayuda a moverse y a conocer su entorno. Para ello es fundamental la intervención de la fisioterapia y de la piscina.
El esplendor de Hugo está en el agua, donde desarrolla su actividad motórica desde que tenía un año. Con su traje de neopreno tricolor se sumerge en la piscina. Puedo verlo gracias a un vídeo proporcionado por Nuria Pombo, presidenta de la Fundación Síndrome de West. Llama la atención el continuo chapoteo de sus manos. Crea burbujas y las observa. Su aleteo le abstrae de todo lo que tiene a su alrededor, pero José Manuel Gómez, licenciado en Educación Física y uno de los terapeutas, intenta evitar esta distracción porque es una «conducta disruptiva» y una «autoestimulación». Trabaja para corregirlo, para reforzar la información que envía el cerebro a los brazos, y así lograr que los apoye sobre el agua sin necesidad de salpicar.
Durante la hora que Hugo está dentro de la piscina realiza varios ejercicios. Primero con una barra flotante. Con ella se cuelga al pequeño de las axilas y se le inclina hacia delante para poner su cuerpo bocabajo, y hacia atrás para colocarlo bocarriba. De esta manera trabaja el balance de tronco.
José Manuel coge a Hugo y coloca su cuerpo erguido bocabajo encima de una colchoneta. Comienza a girarlo a unas velocidades de vértigo. Cinco giros de 360º, pausa de cuatro segundos; tres vueltas, cuatro segundos de espera; y termina con otras seis rotaciones. Sorprende que tras la rapidez de estos movimientos, el pequeño no llore. Éstos le sirven parar estimular su sistema vestibular, es decir, el aparato que está en el oído y que le informa sobre la posición de la cabeza en relación con el suelo. Estos niños tienen que lograr ser competentes con la gravedad para organizar y ubicar su cuerpo en el espacio. Otro de los ejercicios que desarrollan para generarle desequilibrio es el lanzamiento de su cuerpo a modo de plancha. Se desliza hasta llegar al extremo de la colchoneta donde zambulle su pelo negro por un segundo; en ese instante le recoge otra de las terapeutas.
En el agua la sonrisa de Hugo aparece en cada momento. Sus piernas se deslizan con facilidad y sus manos, a veces, se escapan para aletear.
FUENTE www.abc.es


miércoles, 11 de febrero de 2015

lunes, 9 de febrero de 2015

DEPRESIÓN EN ADULTOS MAYORES













Al considerar la depresión en el adulto mayor se debe tener algunas consideraciones especiales.
• Psicosociales: Se une la disminución de actividad física y psíquica con la muerte de amigos y familiares y declinación socioeconómica.
• Somáticas: Con frecuencia coexisten múltiples lesiones orgánicas que significan a su vez diversos tratamientos; esto implica considerar variables farmacológicas y económicas adicionales al decidir el tratamiento de la depresión.
• Depresión versus demencia: Sus síntomas frecuentemente se confunden, coexisten o se agravan mutuamente.
• Terapéuticas: Se debe tener especial cuidado con los potenciales efectos colaterales de los psicofármacos, así como con las posibles interacciones derivadas de la polifarmacia usual en este grupo.
Dada la vastedad del tema nos centraremos en algunos tópicos especialmente significativos en la depresión del adulto mayor.
Definición
En estricto rigor, el diagnóstico de depresión en un adulto mayor debe ajustarse a los mismos criterios que para otras etapas de la vida. Con la idea de presentar una definición operacional relativamente sencilla y fácilmente comunicable presentamos en la Tabla 1 los criterios para depresión de la Asociación Psiquiátrica Americana, contenidos en el DSM-IV (manual diagnóstico y estadístico, cuarta versión).
Tabla 1. Episodio depresivo mayor.
Adaptado de los criterios diagnósticos para episodio depresivo mayor del DSM - IV
A. Al menos cinco de los siguientes síntomas han estado presentes durante el mismo período de dos semanas y representan un cambio del funcionamiento previo; al menos uno de estos síntomas es (1) ánimo deprimido o (2) anhedonia.
1. Animo deprimido casi todo el día, casi cada día, sugerido por reporte subjetivo o por la observación de otros.
2. Marcada disminución del interés o placer en todas o casi todas las actividades, la mayor parte del día, casi cada día (anhedonia, apatía).
3. Significativo aumento o pérdida de peso (más de 5% del peso corporal en un mes), o disminución o incremento en el apetito casi cada día.
4. Insomnio o hipersomnia casi cada día.
5. Agitación psicomotora o enlentecimiento casi cada día (observable por otros, no la sensación subjetiva).
6. Fatiga o pérdida de energía casi cada día.
7. Sentimientos de inutilidad o culpa excesiva o inapropiada casi cada día.
8. Disminución de la capacidad para concentrarse o pensar, o marcada indecisión, casi cada día.
9. Pensamientos recurrentes de muerte, ideación suicida sin un plan específico, o un intento de suicidio, o un plan específico para cometerlo.
B. Los síntomas no cumplen criterios para episodio mixto.
C. Los síntomas causan alteraciones clínicamente significativas o entorpecen el funcionamiento social, ocupacional o en otra área importante.
D. Los síntomas no se deben a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (ej., abuso de drogas, medicación) ni a una condición médica general (ej., hipotiroidismo).
E. Los síntomas no son mejor explicados por un duelo, aunque este puede complicarse por un cuadro depresivo.
Aspectos Epidemiológicos
En instituciones tales como casas de reposo u hogares de ancianos, la prevalencia de depresión se eleva hasta un 17-20%, con un 28 a 40% de los internos con síntomas depresivos.
Por otra parte, según estudios de seguimiento, la presencia de depresión en pacientes geriátricos hospitalizados por causas no psiquiátricas sería un factor de riesgo para morir 30 meses después del diagnóstico.
Entre los ancianos con depresión, entre un 18 y un 57% presenta un síndrome demencial que desaparece una vez que remite el cuadro depresivo. Este tipo particular de “demencia reversible”, o “pseudodemencia depresiva” como también ha sido denominada, se asociaría con un riesgo 4 a 5 veces mayor de presentar demencia irreversible a 34 meses que aquellos que presentan un cuadro depresivo puro. Para complicar un poco más la situación, se debe agregar que alrededor de 1/3 de los cuadros demenciales coexisten con depresión. Dado la importancia de esta relación entre depresión y demencia, especialmente en este grupo etáreo, será este aspecto en el que profundizaremos algunos conceptos.
Mitos respecto de la depresión en el adulto mayor
Al igual que en otros aspectos concernientes al adulto mayor, muchas creencias firmemente arraigadas son devueltas por la investigación como una serie de prejuicios o mitos. Basándonos en la revisión realizada por Dan Blazer discutiremos algunas de estas creencias, las que dicen que la depresión en el adulto mayor es:
• Sintomáticamente diferente: A veces hacer el diagnóstico de depresión se hace difícil por la tendencia de los adultos mayores a negar los sentimientos de culpa, tristeza o malestar psicológico. Sin embargo, en estudios en pacientes hospitalizados y en la comunidad no se observaron mayores diferencias en la presentación de los cuadros clínicos, aunque aparecieron algunas peculiaridades, como una mayor representación de ánimo deprimido, molestias psicosomáticas, pobre satisfacción con la vida y desconfianza.
 Más frecuente: Aunque algunos estudios muestran que la población mayor presenta síntomas disfóricos frecuentemente, estos suelen asociarse con una variedad de estresores psicosociales y no llegan a constituirse en episodios depresivos. De hecho, hoy se considera que la prevalencia de depresión en el adulto mayor es menor que en el resto de la población, tal como ocurre en el caso de Chile.
• Más crónica: Trabajos iniciales indicaban una alta tasa de recurrencia de los episodios depresivos en sujetos de la tercera edad, lo cual se ha mantenido sin cambios. Lo que ha ido variando es el conocimiento cada vez mayor acerca del curso de los trastornos depresivos, resaltando la alta recurrencia de éstos en todos lo grupos etáreos, incluidos los adultos mayores. Estos hallazgos han impulsado a instaurar tratamientos de mantención muy prolongados o de por vida, tras el segundo o tercer episodio.
• Más difícil de tratar: Se ha especulado que la depresión responde más difícilmente a tratamiento en el adulto mayor que en otro grupos etéreos. Lo que hoy está claro es que los episodios depresivos no complicados con comorbilidad somática o daño cognitivo tiene la misma probabilidad de respuesta a tratamiento que en pacientes más jóvenes. La comorbilidad somática, frecuente en estos pacientes, se ha demostrado que empeora el pronóstico de la enfermedad depresiva a cualquier edad. Obviamente al tratar adultos mayores deberemos considerar especialmente los perfiles de efectos colaterales e interacciones de los psicotrópicos que indiquemos.
Depresión con “Demencia Reversible”Si bien los criterios diagnósticos para depresión del DSM-IV incorporan la aparición de síntomas cognitivos, existe un grupo de pacientes en que este hecho se convierte en una alteración grave y central del cuadro, apareciendo sintomatología demencial que obliga a considerar las demencias de curso reversible e irreversible dentro de los diagnósticos diferenciales. En algunos casos esta diferenciación puede ser muy difícil de establecer, aunque existen algunos detalles clínicos que orientan a un origen depresivo de los síntomas, entre estos elementos debemos considerar:  
• Historia de episodios depresivos previos, con o sin compromiso cognitivo. Un factor adicional es el antecedente de tratamientos exitosos con antidepresivos.
• Comienzo abrupto de los síntomas, con un evidente empeoramiento cognitivo en un período inferior a 6 meses.
• En la anamnesis es posible establecer que los síntomas depresivos han precedido la sintomatología demencial.
• Habitualmente las quejas respecto del empeoramiento cognitivo son peores de lo que el clínico puede encontrar al realizar un examen objetivo de funciones corticales, es decir, la queja subjetiva es mayor al hallazgo objetivo, lo cual normalmente es la inversa que la de los sujetos con demencia tipo Alzheimer.
• Entre los contenidos ideacionales se hace evidente la tendencia a exagerar los propios errores y culparse excesivamente. Esto tiene su máxima expresión en el delirio de culpa. Otras temáticas comunes son la enfermedad somática, la desesperanza y la ruina, cada una de las cuales puede tener su expresión delirante.
• La presencia de ciertas alteraciones neurovegetativas propias de la depresión, como la disminución del apetito y el insomnio medio y/o de despertar precoz.
• Por último, el antecedente familiar de un cuadro anímico mayor, trastorno bipolar o monopolar recurrente, debe hacer pensar en la posibilidad de un sustrato orgánico para el cuadro demencial que se evalúa.
Finalmente, ante la sospecha de una depresión complicada con una “demencia reversible”, se debe realizar un tratamiento antidepresivo estándar, considerando las dificultades propias del paciente añoso, lo que discutiremos más adelante. En algunas ocasiones el diagnóstico diferencial sólo se aclara retrospectivamente, cuando un paciente en el que existió la duda diagnóstica fue tratado con terapia antidepresiva con total mejoría de los síntomas cognitivos y anímicos.
Enfermedad de Alzheimer y Depresión
Miraremos el problema desde el lado contrario. Sabemos que 10 a 30% de los enfermos con Enfermedad de Alzheimer (EA) presentan concomitantemente depresión y que hasta un 50% tiene al menos síntomas depresivos. Se ha mostrado asimismo que la tendencia a aislarse precede el diagnóstico de EA en alrededor de 30 meses, en tanto que la aparición de ideación suicida y el diagnóstico de depresión son vistos comúnmente alrededor de 20 meses antes de diagnosticar EA.
La dificultad para identificar casos leves de EA agrega a la frecuente comorbilidad con depresión el hecho de que ambos trastornos pueden tener una presentación que incluye síntomas comunes, por ejemplo apatía y pérdida de interés, dificultad para pensar y concentrarse, retardo o agitación psicomotora y trastornos del sueño.
En resumen, la coexistencia de depresión mayor y cuadros demenciales en los adultos mayores es una realidad frecuente. De hecho, los cuadros depresivos de inicio en la tercera edad, esto es, sin antecedentes, suelen ser la antesala de la Enfermedad de Alzheimer. Más allá de las complejidades del diagnóstico diferencial en los casos señalados, se debe ser enérgico en tratar tanto las “demencias reversibles de origen depresivo” como las depresiones que coexisten con cuadros demenciales, ya que la respuesta terapéutica es comparable a la de las depresiones que podríamos llamar “puras”, en el sentido de no estar enturbiadas por síntomas de demencia.
Tratamiento
Medidas Generales
1. Variables ambientales. Se debe tener en cuenta el lugar donde el paciente vive y se desenvuelve, con quienes se relaciona y constituyen su red de apoyo social. ¿A quién podremos solicitar apoyo o cuidados especiales en caso de requerirlo?

2. Autonomía del paciente. ¿Es el paciente capaz de cuidar de sí mismo, de encargarse de su tratamiento? O tal vez debemos considerar el concurso especial de familiares o amigos, y de no lograrlo, evaluar la hospitalización del paciente como medida de protección y medio de asegurar el cumplimiento de las indicaciones.
3. Factores económicos. Se debe evaluar la existencia de un sistema previsional adecuado o en su defecto la posibilidad de apoyo económico familiar. Debemos estar seguros de que el paciente tiene los recursos para cumplir con las indicaciones que estamos dando. Si no es así tendremos que reconsiderar nuestras opciones.
4. Enfermedades somáticas concomitantes. La presencia de otras enfermedades hará considerar en forma especial la tolerancia del paciente a nuestros tratamientos tanto por factores orgánicos (ej., disminución de proteínas plasmáticas, falla hepática, falla renal, etc.) como por la interacción con otros fármacos.
5. Necesidad de hospitalizar. En casos en que la severidad del cuadro así lo requiera, por ideación suicida franca o necesidad de cuidados de enfermería, se debe indicar la hospitalización. También se debe efectuar cuando tenemos dudas de que el paciente por razones de poca autonomía o escasa red de apoyo pueda cumplir las indicaciones.
Fuente : Di Jaime Santander Toro, Boletin de la Escuela de Medicina de Chile